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Beneficios de ducharse con agua fría después de entrenar


Entre los beneficios de ducharse con agua fría, podemos destacar la normalización del ritmo cardíaco y el control de la inflamación.


Veamos todos en detalle. Has hecho ejercicio y te tienes que dar una ducha.


Tienes la opción de disfrutar de una ducha caliente o de atreverte con el agua fría. Pese a que en una situación normal sea lógico escoger la opción reconfortante, en este caso puede no serlo.


Ducharse con agua fría tiene beneficios que son muy interesantes para deportistas


La primera ventaja de ducharse con agua fría es que le permite al cuerpo volver a la normalidad. Cuando hacemos deporte, el ritmo cardíaco se acelera, la sangre corre hacia los músculos y se secretan hormonas que nos permiten realizar los esfuerzos necesarios.


Con el agua fría, vamos a ayudar a que el ritmo cardíaco se relaje. Un estudio publicado por Journal of Strength and Conditioning Research, confirma que una ducha fría reduce el estrés cardíaco de los deportistas. Además, los músculos dejan de necesitar tanto aporte sanguíneo y cesará la vasodilatación, que ayuda a que llegue esa sangre extra.


No obstante, es preciso aclarar que dicha investigación señala que estos efectos de la ducha fría se analizaron en un ambiente cálido.


A continuación, vamos a enumerar otros beneficios de esta práctica en el ámbito deportivo.


1. Limita el daño de microtraumatismos


Gracias a los efectos del frío sobre el organismo, no nos producirán tanto daño las microrroturas que sufren los músculos en una sesión de ejercicio. Es decir, con el agua fría limitaremos de manera efectiva el daño de aparición tardía. Nos referimos a patologías como las 'agujetas' (dolor muscular que puede venir acompañado de la inflamación del músculo) o dolores en músculos específicos.


2. Controla la inflamación


Otro beneficio de la vasoconstricción, es decir, limitar el aporte sanguíneo a los músculos. En este caso, los músculos o las estructuras que estén inflamadas por la actividad realizada van a dejar de estarlo mucho antes. Si no utilizamos el agua fría, la inflamación hará que siga llegando más y más sangre, empeorando la situación.


Con el agua fría ayudamos a romper este ciclo, y prevenimos así tanto la inflamación como la aparición de edemas —que se dan cuando se sale sangre al espacio extracelular debido a una rotura de fibras—.


Otros beneficios de ducharse con agua fría


No existe demasiada evidencia científica sobre los siguientes puntos, pero vale la pena tenerlos en cuenta como posibles beneficios. Por un lado, es posible que las duchas frías ayuden a quemar grasa.


En este sentido, la teoría dice que hay células que queman grasa cuando son expuestas al frío y que están situadas en el cuello y los hombros. De este modo, una ducha de agua fría básicamente tendrá como objetivo estas células.


Por otra parte, se dice que el agua fría tiene efectos positivos sobre la piel; precisamente, podría ayudar a que la piel esté más suave y a tonificarla.


Y como último apunte, el frío no seca la capa sebácea que tenemos debajo de la piel. Con ello, teóricamente también tendría efectos más beneficiosos para el pelo que el calor.


Contraindicaciones de este hábito



También cabe mencionar la —corta— lista de contraindicaciones de darse una ducha de agua fría. Por un lado, si ya de por sí se siente frío, ducharse con agua fría no va a producir efectos beneficiosos. Es más probable que tenga efectos nocivos que positivos.




En segundo lugar, si se padece de problemas circulatorios, puede que la vasoconstricción que provoca el agua fría se perjudicial. También hay que tener cuidado si estamos enfermos. Hacer al cuerpo pasar frío estando enfermos puede tener un efecto perjudicial sobre el sistema inmunitario.


Ducharse con agua fría, pero de manera controlada


En vista de todo lo anterior, llegamos a la conclusión de que ducharse con agua fría tras hacer deporte es positivo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que debemos esperar unos 15 minutos antes de hacerlo. Esto es debido a que no es bueno someter al cuerpo a un cambio brusco de temperatura de manera tan repentina.


Si nos molesta el frío, podemos empezar con agua templada e ir enfriándola; no es necesario sufrir de primeras con el agua fría. Es más, lo ideal es utilizar un poco de agua tibia después del frío.


De esta manera, evitamos el efecto de compensación que se produce en el cuerpo cuando lo sometemos a temperaturas muy altas o muy bajas. En otras palabras, cuando el cuerpo es sometido a temperaturas frías, cuando cesa el estímulo, se sobrecalentará para compensar este efecto. Al acabar con agua tibia, anulamos este efecto tras haber disfrutado de los efectos beneficiosos de una ducha de agua fría.


Créditos:


Fitpeople

Joseph Wickman

Fisioterapeuta

27/08/2020


Nota Original: AQUÍ



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