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La pirámide en la formación deportiva: tan inmoral como ineficiente


En el presente artículo, se argumenta sobre las debilidades del modelo de formación deportiva basado en la pirámide, paradigma que, a pesar de grandes evidencias, aún se resiste a caer. El deporte actual y el entrenamiento deportivo exigen un enfoque más activo para incidir en los procesos de desarrollo deportivo. Países pequeños y con escasos recursos desafían permanentemente las leyes proclamadas por la teoría de la selección natural aplicadas en la formación de deportistas.



1. Introducción

Aunque ya hace mucho tiempo se critica al llamado Sistema Piramidal Generalizado, modelo de formación deportiva basado en un enfoque darviniano, y mucho se ha escrito sobre ello, escuchamos recurrentemente el reclamo de aficionados, periodistas, dirigentes y hasta de profesionales del entrenamiento deportivo, que para mejorar nuestro deporte, es necesario construir una gran pirámide, ampliar su base aumentando la cantidad de practicantes en los estadios más bajos de la misma.


Suponen que la cantidad de deportistas de élite (extremo superior y porción mínima de la pirámide) que posee un país, una región, una ciudad o un club, en una determinada disciplina deportiva, está en relación directa con el número de practicantes que tengan en el nivel más bajo de la pirámide o en la etapa de iniciación deportiva. Se asume como válida la premisa de que “cuanto más practicantes, más campeones” (Sánchez Bañuelos, 2003).


En la etapa de difusión mundial del deporte en la que dejó de ser una actividad reservada únicamente para los jóvenes de la clase alta de la sociedad, hasta convertirse en una impresionante manifestación popular, ese modelo explicaba el desarrollo deportivo que tenía lugar en diferentes especialidades y en distintos países.


Pero, en la medida que el conocimiento sobre el entrenamiento deportivo y de una manera más amplia, sobre la preparación del deportista fue creciendo, el sistema piramidal comenzó a presentar debilidades desde el punto de vista ético y científico, que lo fueron cuestionando y ya lo hacen absolutamente insostenible.

2. Fortalezas convertidas en debilidades.


2.1 Agrandar la base de la pirámide

El desarrollo deportivo a través de la pirámide, se fundamenta en el establecimiento de condiciones de base propicias para que un gran número de individuos practiquen en forma organizada y sistemática el deporte competitivo. Parece a primera vista plausible que muchos niños y jóvenes puedan practicar un deporte y comenzar a competir en él. El derecho a tener una educación física y a practicar deporte está presente en la declaración de los derechos del niño. Por supuesto que no estoy en desacuerdo con ello. Es necesario y justo que el 100% de los niños y jóvenes tengan acceso a una actividad física sistematizada que incluya la enseñanza de diferentes y variadas habilidades deportivas, por los valores humanos que aquella permite experimentar y como forma de construir hábitos de vida saludable y combatir el sedentarismo, característico del estilo de vida moderno, causa principal de enfermedades y muerte.


Lo que es éticamente cuestionable es que una persona no debería ver mediatizadas sus ofertas básicas de actividad física por fines cuyos objetivos muy pocos pueden alcanzar (Sánchez Bañuelos, op.cit.). Es decir, pensemos que nuestro problema es que necesitamos más y mejores jugadores de Basquetbol en el alto nivel deportivo. Suponiendo que todas las escuelas tienen canchas y balones, hagamos que todos los niños en todas las escuelas del país jueguen y entrenen Basquetbol y, en algunos años, el objetivo se habrá cumplido.


En primer lugar, ¿qué pasaría si todas las organizaciones, clubes o federaciones reclamaran su derecho a la difusión a todos los niños de su deporte? En segundo lugar, ¿acaso tenemos en cuenta que no todos los niños tienen entre sus intereses practicar deporte para llegar al alto nivel deportivo? ¿Pensamos en que a algunos no les interesa competir con otros o contra otros y que disfrutan de la actividad sólo si es recreativa o placentera? ¿Consideramos que no todos los niños quieren o pueden, o ambas cosas a la vez, practicar una determinada especialidad deportiva o someterse a las exigencias que demanda el entrenamiento deportivo?


No sólo no deberíamos sacrificar los intereses de un cierto número de niños, sino que en muchos casos, la participación más o menos compulsiva en una actividad que no les reporta placer al realizarla, entorpece la que realizan aquellos niños particularmente atraídos por ella. Desde este punto de vista es una propuesta ineficiente.


También vamos a encontrar ineficiencia si profundizamos en el análisis de la frase “establecimiento de bases propicias”. ¿Es posible brindar a todos los niños del país condiciones favorables y adecuadas para su desarrollo en un deporte determinado? Tendríamos que ser lo suficientemente ricos para disponer de las instalaciones y materiales apropiados en todas partes y de los mejores profesores y entrenadores especialistas para llegar a todos los niños. De lo contrario, es muy probable que un talento deportivo (de esos que, según Matveiev, surgen cada diez mil personas) concurra a una escuela que no posea las condiciones para la práctica de “su” deporte, o no tenga el profesor o entrenador que le enseñe y lo motive convenientemente.


Asimismo, aún entrenando en las mejores condiciones (buenas instalaciones, los mejores entrenadores, apoyo técnico y científico de última generación), no siempre un deportista podrá convertirse en un atleta de alto rendimiento. Para llegar a serlo deber reunir, además, capacidades excepcionales para la práctica de ese deporte en particular. Y los talentos no pueden cultivarse como plantas, ni fabricarse en serie como automóviles. Ello lo constatan, a menudo, numerosas instituciones que invierten tiempo, personal y dinero en forma incorrecta.


El esfuerzo y los medios necesarios para desarrollar un entrenamiento adecuado es cada vez mayor. La inversión económica y la inversión personal del deportista son muy grandes. Actualmente se sostiene que, en un deporte individual, para alcanzar una medalla olímpica es necesaria una inversión cercana al millón de dólares. Los recursos son siempre limitados y es imposible brindar las condiciones necesarias a un elevado número de deportistas. La alternativa, según el modelo piramidal es intentar dividir esos menguados recursos entre la mayor cantidad posible de niños, otorgándoles a todos condiciones insuficientes. El resultado es la frustración de quienes hubieran podido alcanzar posiciones más elevadas en el deporte, si se les hubiera brindado las condiciones favorables y adecuadas para lograrlo.


La difusión de las actividades físicas y deportivas para que sean accesibles al 100% de los niños, debe hacerse, pero con otros propósitos y objetivos que analizaremos más adelante.


2.2 La teoría de la selección natural de Darwin.

Darwin desarrolla su teoría de la evolución de las especies a partir de la capacidad de adaptación al medio ambiente que se deriva de la selección natural y de mutaciones aleatorias.


La selección natural se explica simplemente por la sobrevivencia de aquellas especies que lograron adaptarse a los cambios medioambientales, modificando sus estructuras genéticas. Aunque no aportaba datos sobre el origen de esos cambios ni de los procesos en los que tenían lugar, la evolución se manifiesta en la desaparición de los cambios menos favorables (Molina, J., 2004).


Aunque la teoría de Darwin, fuertemente criticada hoy en día, hacía referencia a procesos llevados a cabo en millones de años y parecería funcionar sólo en el largo plazo, la pirámide de formación deportiva asume que mediante un proceso de selección natural o decantación, los niños–jóvenes deportistas se van promoviendo progresivamente desde la base de la pirámide hacia los niveles más altos de rendimiento. Según este modelo, los más aptos van accediendo a las superiores escalas de la pirámide, al mismo tiempo que los que tienen menos condiciones o capacidad van desapareciendo, abandonando o saliendo del sistema de formación deportiva.


La realidad niega constantemente esa afirmación. La pirámide no resulta ser tan eficiente. Observamos con frecuencia como se pierden chicos con capacidad y talento para el deporte, por variedad de causas y en situaciones, a veces perversas. En algunos casos, deportistas con menores condiciones pero con crecimiento precoz o con capacidades de aparición temprana son privilegiados sobre otros con mayores cualidades pero con otros ritmos más lentos de desarrollo. Muchas veces, las presiones sobre los entrenadores para la obtención de resultados inmediatos provocan ese tipo de decisiones. Esas presiones pueden ser externas, provenientes tanto de dirigentes o padres, como también internas o auto impuestas por el propio entrenador como medio para alcanzar el prestigio que le permita acceder a categorías superiores, generalmente mejor remuneradas.


En otros casos, la evaluación de los jóvenes deportistas en el momento de la promoción de categoría se hace sobre bases poco científicas, basadas en el “ojo clínico” de un entrenador más o menos experimentado (deberíamos tener en cuenta que generalmente quienes trabajan en la iniciación deportiva son los entrenadores más jóvenes). Investigaciones han demostrado la escasa fiabilidad de ese “ojo clínico” de los entrenadores, teñido de subjetividad, de simpatías y antipatías, y sesgado por sus propias experiencias personales. Los estudios mencionados constataron apenas, un 9% de eficacia en las predicciones surgidas a través de las observaciones de los entrenadores (Brill et al., 1988).


Otro error, muy corriente, es evaluar la capacidad del niño después de practicar durante mucho tiempo el deporte. Lo que valoramos de esa manera es su experiencia y su rendimiento actual y no su capacidad potencial de desarrollo, dos variables que pueden ser totalmente contrarias. No deberíamos evaluar las capacidades del niño por medio de su habilidad para la práctica del mismo deporte. Un ejemplo de este tipo de errores es la aplicación de tests que midan la velocidad para conducir el balón entre obstáculos o la efectividad en lanzamientos al cesto o a un arco de Fútbol o Handball o a determinadas zonas de una cancha de Vóleibol.


Más perversa aún es la situación que se vive en algunos deportes en los que los intereses económicos prevalecen y que provocan que el ascenso o progresión en la pirámide, dependa exclusivamente de quienes patrocinan o no al deportista.


Por esas razones, es incorrecto sostener que quienes alcanzan la cima de la pirámide son los mejores, la élite deportiva, ni que el alto rendimiento deportivo está de esa manera garantizado.


Deberíamos hablar de una élite relativa al entorno donde se aplica el sistema, los que, según el pensamiento de Darwin, mejor se han adaptado al medio que se les ha ofrecido.


Paradójicamente, se dice que los que sobrevivirían a un cataclismo mundial no serían los seres más fuertes, más grandes o más inteligentes, sino los insectos.


También desde el punto de vista ético, el proceso de selección natural y decantación o de selección–eliminación es insostenible. De igual manera que frustrábamos a los jóvenes talentos al no poder brindarles las mejores condiciones para su desarrollo, ¿es justo provocar la frustración de jóvenes que, luego de una inversión personal importante en tiempo y dinero en detrimento de otras opciones como puede ser el estudio, van quedando eliminados en ese proceso de selección y decantación natural? ¿Podemos usar a esos jóvenes mientras nos sirven para obtener algunos resultados en las primeras etapas? ¿Podemos crear falsas expectativas para, en determinado momento decirle: “dedícate a otra cosa”? Deberíamos seguir el consejo de las abuelas a las jóvenes parejas: “los malos matrimonios deberían evitarse antes de consumarse”. El éxito en el deporte ha sido considerado por especialistas como uno de los más efectivos para el desarrollo de la personalidad, la confianza en sí mismo y la felicidad de las personas. No debemos jugar con ello.


3. La alternativa: El sistema selectivo intensivo

El sistema de desarrollo deportivo basado en la selección temprana de talentos, que algunos autores llaman Sistema Selectivo Intensivo, es una alternativa eficaz, eficiente y ética al modelo piramidal.


Según Nadori (1989), la selección deportiva es el proceso por el cual se individualizan personas dotadas de talento y de actitudes favorables para el deporte, con la ayuda de métodos y tests científicamente válidos. Para Brill (op.cit.), la selección deportiva es un sistema de muchas escalas dirigido a la búsqueda de gente con particularidades morfo-funcionales, psicológicas, técnicas y estructurales que contribuyan al mayor logro de la modalidad escogida.


Obviamente, esa individualización o búsqueda de talentos deportivos será más eficiente cuanto más numeroso sea el grupo de personas del que se seleccionan. La práctica generalizada de la actividad física y del deporte en la niñez, aunque no con el propósito del alto rendimiento, sino con una finalidad exclusivamente pedagógica, es un elemento favorable a este sistema. Un país donde todos los niños y niñas tienen acceso a una educación física y deportiva sistemática, ofrece facilidades a quienes van a aplicar los métodos y pruebas especiales basadas en rigurosos criterios científicos para la detección temprana de talentos. Ello asegura además, que los niños talentosos han tenido la adecuada estimulación motriz básica que contribuya a mantener latentes sus capacidades innatas.


Siendo un derecho inalienable de los niños, desgraciadamente no es excluyente la necesidad de una práctica deportiva generalizada para la selección de talentos. El Basquetbol uruguayo, en un país donde sólo el 20% de los escolares goza de una precaria y escasa actividad física sistemática, pudo estudiar años atrás, mediante un convenio con el Consejo de Educación Primaria, a todos los niños y niñas de 10 y 11 años, para diagnosticar o predecir la capacidad física más valorada por los entrenadores de ese deporte: la estatura. Por supuesto la selección hubiera sido más efectiva, si hubiera cumplido con las variadas escalas que mencionaba Brill, observándolos por ejemplo, durante la aplicación de un test especialmente diseñado para detectar otras de las más de 50 capacidades o habilidades consideradas importantes por los entrenadores de ese deporte. Quizás también, alguno de los futuros “gigantes” detectados carecía de los más elementales hábitos de actividad física y sus condiciones de vida lo llevaban desde el sillón de su computadora o del “play station” en el dormitorio de su reducido apartamento, al banco de su salón de clase en la escuela. Los daños por la ausencia de la educación física en el nivel inicial o en la primera etapa de primaria, pueden llegar a ser irreversibles pensando en el máximo nivel alcanzable por esos niños. Quizás también, las carencias alimenticias, higiénicas, culturales y sociales de un niño en sus primeros 10 años de vida en un barrio marginal antes de su captación para el deporte, hagan infructuosos todos los esfuerzos de la mejor organización deportiva para revertirlo. Seguramente el lector conocerá, tristemente, infinidad de este tipo de casos.


La selección temprana de talentos permite ganar eficiencia en dos frentes. Por un lado, se enfoca el trabajo en un grupo más pequeño y mejor dotado. Por otra parte, no se expone a una gran cantidad de individuos a esfuerzos y frustraciones innecesarias. Muchas veces se confunde la detección temprana de talentos con la antipedagógica, ineficaz y discutida desde el punto de vista ético, “especialización precoz”. Con ésta, se pretende alcanzar rápidos resultados sometiendo a los niños, cuanto más pequeños mejor, a largas y tediosas sesiones de entrenamiento con énfasis excesivo en aspectos técnicos que generan movimientos estereotipados, muy eficientes en lo inmediato pero limitantes del perfeccionamiento y de los logros máximos que ese niño hubiera podido alcanzar. Peor aún, es la causa principal de abandono de la práctica deportiva de niños tratados como adultos en miniatura, a los que hicieron perder el placer de jugar.


Por el contrario, una correcta selección deportiva permite actuar sin prisa, con una planificación a largo plazo que priorice la calidad sobre la cantidad, respetando los procesos de maduración de los niños seleccionados. “No se trata de llegar más rápido, sino más lejos”. No es correcto quemar etapas o anticipar resultados en detrimento de la reserva de una mejora futura. Por ello se debe prestar atención a las cualidades que puedan ser desarrolladas en un periodo de varios años de preparación y no a cualidades precoces. La selección debe ser de carácter prospectivo basada en parámetros relevantes (Sánchez Bañuelos, op.cit.).


La concentración de los recursos disponibles, permite atender eficientemente todos los aspectos del entorno del deportista que afectan de alguna manera u otra su preparación.


Permite, a través de una evaluación constante, un mayor control de las variables que influyen en el rendimiento deportivo (alimentación, lesiones, planificación del entrenamiento individualizada, etc.). Esto exige entonces, una dedicación prioritaria de los deportistas hacia el entrenamiento que permita desarrollar un trabajo multilateral, intensivo, de calidad. Implica facilitar, entre otras cosas, actividades igualmente importantes para los niños y jóvenes, como el estudio o una recreación compensatoria y positiva que no se oponga a los objetivos del entrenamiento deportivo.


Con ese propósito, se han construido los centros de alto rendimiento con un costo altísimo no sólo por la infraestructura sino también por su mantenimiento, lo que ha obligado a buscar diferentes formas de financiamiento, público y privado. Por esa misma razón, son impensables “centros de alto rendimiento” específicos para las distintas disciplinas deportivas como en algunos casos se ha intentado construir. Denominar así a esos espacios, confunde, porque en realidad lejos de ser centros de alto rendimiento, son espacios deportivos que brindan, apenas, algunas prestaciones más que las que podrían brindar los clubes deportivos.


4. Conclusiones


Los estudios sobre estos dos paradigmas de formación y desarrollo deportivo que han abordado profusamente autores como Bompa, Brill, Matveiev, Narodi, Sánchez Bañuelos, Verjoshansky, entre muchos otros, deben iluminar todos los proyectos que se encaren en ese sentido. Los países pobres y pequeños, como sin duda es Uruguay, con escasos recursos y población, deben adoptar, con mucha más razón, el sistema selectivo intensivo como ya lo han hecho países con un potencial económico infinitamente superior.


Aplicando ese sistema en deportes de escasa difusión y practicantes, en poco tiempo España alcanzó resultados extraordinarios. Bulgaria y Cuba lo vienen haciendo desde hace ya mucho tiempo. En Uruguay, con apenas tres millones de habitantes, con más del 50% de los niños que nacen en hogares pobres, ¿hasta cuándo seguiremos hablando de la pirámide?


Créditos:

Alberto Espasandín

Master en Educación y

Profesor de Educación Física


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