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Lección de caminata por Raúl González



Viernes 22 de enero de 2021 - 19.45 h


Sentados a la mesa con los amigos de los jueces internacionales Dolores Rojas, José Días y Mara Baleani observamos a través de las ventanas las ráfagas del libeccio que mueven las olas del paseo marítimo de Ostia de manera impresionante.

Quién sabe cómo será mañana.

Gianni Perricelli se me acerca: “Nicola, por favor mira hacia esa mesa. Pero no lo es …"

Sí, le digo, es él, vamos a saludar.


Dos mesas más adelante, sobre un hermoso rostro bronceado, destacan dos hermosos bigotes negros (una mezcla entre Franz Joseph, emperador de Austria, que sin embargo eran blancos e Losif Vissarionovič Džugašvili, más conocido por el nombre de guerrero de Stalin) y una sonrisa cuando digo “¡Hola Raúl!”.


Es Raúl González, amigo de toda la vida, uno de los grandes nombres del mundo de la marcha, ganador de los 50 km de los Juegos de Los Ángeles de 1984, pero sobre todo uno de los gestos técnicos más bonitos de la historia. Nunca una tarjeta roja en su contra y nunca una paleta amarilla aunque en su tiempo las paletas amarillas no existieran y las referencias las hacia solo el Juez Jefe con una bandera blanca ondeando frente a sus ojos.


En definitiva, un monumento de la marcha.




Saludos y fotos habituales porque tenemos que cenar, y luego nos espera la reunión previa al concurso con el jurado.

Ese tremendo vehículo de información que es Facebook ya le dio “like” a las fotos que alguien (yo) ha creído oportuno publicar: “Encontrar un amigo mexicano después de diez años no tiene precio”. Al rato suena mi celular: es Maurizio Damilano quien me pregunta si puede charlar con Raúl mañana por la mañana.


Sábado 23 de enero de 2021 - 9.30 h

Encuentro a Raúl en la zona de salida envuelto como nunca y le hablo de Maurizio. Inmediatamente su rostro está radiante: “Llamemos a mi hermano de inmediato”.

No sé qué se dijeron, porque estaba ocupado con otras cosas.


Sábado 23 de enero de 2021-17: 30 h

El día fue largo, duro y difícil.

Con los jueces internacionales Dolores Rojas, José Días y Mara Baleani nos sentamos en el lobby del hotel bebiendo una buena copa de vino blanco que Gianni Perricelli nos recomendó por teléfono y Raúl baja las escaleras.

"Siéntate con nosotros" le digo.

No lo piensa dos veces.


Así comienza una larga discusión sobre la marcha del pasado, presente y futuro.

Pido saludar a César Moreno Bravo y Raúl lo llama puntualmente.

Raúl pide saludar a Vittorio Visini a quien contactamos a través del teléfono de un amigo en común (Enzo Fiorillo).

Pero sobre todo Raúl se aventura en discursos puramente técnicos.

No se los explico mucho.

La marcha para Raúl no es más que: fluidez, movimiento correcto de las caderas (que él llama aflojamiento) y empuje prolongado, ciertamente ese gesto técnico que él define como "paso de la bicicleta".

Los cuatro nos miramos a los ojos y sonreímos.

En mi celular suena el timbre de "Sway", un cha cha cha cantado por Cliff Richard en boga desde 1954, aunque unos años antes lo lanzó Dean Martin.

Es Patrizio Parcesepe (solo él tiene este tono, para distinguirlo de los demás en este período organizativo que nos ha visto trabajar juntos).

"Voy a recibirlos en el hotel", dice.

Y yo: "Date prisa, estamos aquí para hablar de técnica de caminar con González".

Y él: "¿González quién?"

¿Qué dices "González quién,

yo sí, no sabes quién es González?"

Y él: "¿González el caminante?"

Y yo: "Vamos, nos estamos quedando sin vino y luego no te queda nada"

"Pero es mi mito de cuando marchaba", dice Patrizio Parcesepe.

Cinco minutos después comienza otra historia de nuevo, pero ahora tenemos una botella de Shjraz rojo frente a nosotros.

Raúl insiste, con razón, y Parcesepe también se alegra.

Es hora de cenar.

Parcesepe y acompañante se van con una sonrisa en los labios.


Continuamos durante bastante tiempo hasta que alguien dice que es hora de irse a dormir. En definitiva, una jornada completa de marcha con cuatro horas y media de competencias, y tantas de cultura y técnica con Raúl.


Hoy hemos dado mucho, pero hemos recibido más. La lección de Raúl González no tiene precio, es como hacer publicidad de esa conocida tarjeta de crédito. Gracias Luca, te lo debemos a ti también.



Créditos:

Marcia dal Mondo


Nota Original AQUÍ

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